ACTA BENEDICTI PP. XVI

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale400

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 Acta Benedicti Pp. XVI 419

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 Acta Benedicti Pp. XVI 421

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 Acta Benedicti Pp. XVI 423

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 Acta Benedicti Pp. XVI 425

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale426

 Acta Benedicti Pp. XVI 427

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale428

 Acta Benedicti Pp. XVI 429

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale430

 Acta Benedicti Pp. XVI 431

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale432

 Acta Benedicti Pp. XVI 433

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale 434

 Acta Benedicti Pp. XVI 435

 turco:

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 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale438

 Acta Benedicti Pp. XVI 439

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale440

 Acta Benedicti Pp. XVI 441

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale442

 Acta Benedicti Pp. XVI 443

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale444

 Acta Benedicti Pp. XVI 445

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale446

 Congregatio de Causis Sanctorum 447

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale448

 Congregatio de Causis Sanctorum 449

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale450

 Congregatio de Causis Sanctorum 451

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale452

 Congregatio de Causis Sanctorum 453

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale454

 Congregatio de Causis Sanctorum 455

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale456

 Diarium Romanae Curiae 457

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale458

 Diarium Romanae Curiae 459

 Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale460

 Diarium Romanae Curiae 461

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Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale440

brindan los viajes de admirar la belleza de los pueblos, de las culturas y de la

naturaleza, nos puede conducir a Dios, favoreciendo la experiencia de fe,

« pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega por analogı́a a

contemplar a su creador ».1 Por otra parte el turismo, como toda realidad

humana, no está exento de peligros ni elementos negativos. Se trata de males

que hay que afrontar urgentemente, ya que conculcan los derechos y la

dignidad de millones de hombres y mujeres, especialmente de los pobres,

los menores y los discapacitados. El turismo sexual es una de las formas

más abyectas de estas desviaciones que devastan, desde el punto de vista

moral, psicológico y sanitario, la vida de las personas, de tantas familias y,

a veces, de comunidades enteras. La trata de seres humanos por motivos

sexuales o para trasplantes de órganos, ası́ como la explotación de menores,

su abandono en manos de personas sin escrúpulos, el abuso, la tortura, se

producen tristemente en muchos contextos turı́sticos. Todo esto ha de inducir

a aquellos que se dedican pastoralmente o por motivos de trabajo al mundo

del turismo, y a toda la comunidad internacional, a aumentar la vigilancia, a

prevenir y contrastar estas aberraciones.

En la encı́clica Caritas in veritate quise enmarcar el fenómeno del turismo

internacional en el contexto del desarrollo humano integral. « Hay que

pensar, pues, en un turismo distinto, capaz de promover un verdadero cono-

cimiento recı́proco, que nada quite al descanso y a la sana diversión ».2 Os

invito a que vuestro Congreso, reunido precisamente bajo el lema, El turismo

que marca la diferencia, colabore a desplegar esa pastoral que nos conduzca

paulatinamente hacia este « turismo distinto ».

Deseo destacar tres ámbitos en los que la pastoral del turismo debe cen-

trar su atención. En primer lugar, iluminar este fenómeno con la doctrina

social de la Iglesia, promoviendo una cultura del turismo ético y responsable,

de modo que llegue a ser respetuoso con la dignidad de las personas y de los

pueblos, accesible a todos, justo, sostenible y ecológico. El disfrute del tiempo

libre y las vacaciones periódicas son una oportunidad, ası́ como un derecho.

La Iglesia desea seguir ofreciendo su sincera colaboración, desde el ámbito

que le es propio, para hacer que este derecho sea una realidad para todos los

seres humanos, especialmente para los colectivos más desfavorecidos.

En segundo lugar, la acción pastoral nunca debe olvidar la via pulchritu-

dinis, la « vı́a de la belleza ». Muchas de las manifestaciones del patrimonio

1 Sb 13, 5. 2 N. 61.